Rostro de Porcelana

Rostro de Porcelana

Para quienes tienen un rostro sensible, lograr una piel suave y sin manchas puede parecer imposible, pero en este artículo presentamos una solución sencilla. ¡Tu búsqueda de la perfección y de una piel de porcelana se ha acabado! Solo sigue los pasos a continuación.

1-Protege tu piel de los rayos solares.
Aun si el cielo está nublado, los rayos ultravioletas A y B (UVA y UVB) pasan directamente a través de las nubes. Los rayos UV del sol son nocivos y pueden dañar tu cutis de porcelana, causar marcas y pecas oscuras, así como los primeros signos de envejecimiento, además de aumentar el riesgo de desarrollo de un cáncer de piel.

Utiliza protector solar. Busca uno de “amplio espectro”; es decir, que proteja la piel de los rayos UVA y UVB. También asegúrate de que tenga un factor de protección solar (FPS) de por lo menos 30.

Vuelve a aplicar protector solar cada ciertas horas si planeas permanecer bajo el sol por largos periodos. Si vas a nadar, procura aplicar protector solar por lo menos media hora antes de entrar al agua para que pueda impregnarse en la piel y así evitar que se disuelva en el agua. Al salir, asegúrate de volver a aplicarlo.

2-Evita en lo posible la luz solar.
El protector solar previene la mayor parte del daño, pero la forma más segura de evitar que tu piel se dañe por el sol es permanecer alejado de él. Esto puede ser imposible en ocasiones (si te encuentras afuera) pero existen muchas maneras de protegerte.

Ubícate bajo la sombra. Busca un toldo, una sombrilla, un banco bajo un árbol o permanece en el interior hasta que el sol disminuya. El sol es más fuerte entre las 10 a.m. y las 2 p.m.
Es posible que no encuentres mucha sombra durante los días soleados. En este caso, utiliza un sombrero o lleva una sombrilla.

Busca un limpiador facial que sea adecuado para tu rostro.
Cada cutis viene con sus propios problemas. Algunos son grasosos o secos, propensos a los puntos negros o a los granos. Tu rutina de limpieza dependerá de los síntomas particulares de tu piel.

Los limpiadores faciales se encuentran en cualquier farmacia o tienda de belleza. Estos suelen combatir los síntomas específicos. Busca uno que se adecúe a las necesidades de tu piel o algunos que actúen en conjunto. Los limpiadores faciales pueden venir como exfoliantes, tóneres, astringentes…

Si tu piel es sensible, utiliza limpiadores faciales suaves. No la frotes. Al restregar la piel irritada, la debilitarás aún más y evitarás la cicatrización.

Es posible que desees acudir a un dermatólogo si tu piel es sensible a ciertos limpiadores faciales o tu acné es grave. El especialista podría prescribirte algún medicamento o sugerirte algunos productos que se adecuen a tus síntomas.

El bicarbonato de sodio es otra opción a considerar. Disuelve el bicarbonato de sodio en agua, aplícalo sobre la piel mediante masajes suaves y enjuaga. Esto ayudará a limpiar profundamente tus poros y es mucho más asequible que la mayoría de los limpiadores faciales.

Continúa con tu rutina de limpieza. Lava tu rostro dos veces al día, por la mañana y por la noche. Si descuidas tu rutina, aumentarás la suciedad en tus poros.
Lavar el rostro con demasiada frecuencia puede secarlo. Asegúrate de agregar un hidratante a tu rutina.

Utiliza siempre el mismo limpiador facial. Cada producto intenta alcanzar distintos objetivos, por lo que alternar entre muchos diferentes puede intensificar los síntomas.
Intenta agregar un cepillo eléctrico de limpieza a tu rutina de exfoliación intensiva. Estos son los más adecuados para las pieles más resistentes. Si tu piel es sensible, utiliza un ajuste suave para no irritarla aún más.

Aplica mascarillas faciales para mantener tu piel joven y tersa. Puedes adquirirlas en cualquier tienda de belleza o en el spa.

Por lo general, debes dejarte puesta la mascarilla durante quince minutos, a menos que se especifique lo contrario. Para retirarla, simplemente enjuaga tu rostro con un paño (¡no con tus dedos!) y agua tibia, y termina aplicando un poco de agua fría.

Bebe grandes cantidades de agua. Necesitamos que el agua circule por nuestro cuerpo en todo momento. La piel, como cualquier órgano, depende del agua para eliminar las toxinas dañinas. Tomar agua también ayuda a prevenir la resequedad de la piel.